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OBJETIVO

OBJETIVO DEL SEMINARIO  2020/22

Es un Seminario de transmisión y participación, no de aprendizaje pasivo de conocimientos.  Está dirigido a mediadores/as formadas, con un primer direccionamiento de ex alumnos de la formación de AIEEF y complementariamente a otras formaciones. El número de participantes en el mismo no podrá ser menor a 20 ni mayor a 30

El origen de las otras formaciones, mayoritariamente provienen del sistémico, concibiendo la mediación como un re establecimiento de la comunicación; o de la escuela de Harvard de Negocios, cuya lógica es bien cartesiana y voluntarista procurando el acuerdo.

Todas se basan en la existencia de la neutralidad, la empatía, la comunicación racional, la atemperación de las emociones o inclusive la prohibición de la expresión de ellas en la sala de medición.

El objetivo es introducir nuevas ideas y reflexiones que nos permita a los/as mediadores/as mejorar nuestra capacidad de escucha, discriminación entre lo propio y lo de los participantes y desde allí poder mejorar, en beneficio de los/as participantes, nuestro trabajo. 

Para ello, entiendo quees esencial reconocer que la mediación se realiza entre seres humanos y todas las escuelas dan por sabido quien es el ser humano y a partir de este gran supuesto de cada una despliegan todo su “caja de herramientas” de técnicas y objetivos. 

En la escuela de AIEEF (Asociación Interdisciplinaria Europea de Estudios de la Familia) hemos trabajado siempre a partir de ciertos conceptos muy básicos que eran considerar que cada persona es única, compleja y que lo que nosotros conocemos y la propia persona conoce de sí misma es como la punta del iceberg, pero que lo que sostiene esa punta que se ve y conoce es lo que está hundido que no se ve ni se conoce (el saber no sabido), pero que debemos aceptar su existencia y aprender a escuchar, sabiendo que lo que escuchamos no necesariamente responde a lo que el mensaje expresa. 

Asimismo, se permitió introducir en la sala de mediación las emociones, sin calificarlas de buenas o malas, útiles o no.  Todos estos son criterios subjetivos del mediador/a.  Las emociones son legítimas, existen y expresan sentimientos que se tienen.  La emoción como forma de expresión está condicionada por valores culturales.  La emoción condiciona lo que se dice y lo que no se dice.  Es distinto entre los anglosajones protestantes que en las culturas mediterraneas católicas, como entre las culturas originarias tras 500 años de silencio, que la de los descendientes de los colonizadores y siguientes corrientes migratorias.

Por ello entiendo la mediación como un proceso cuyo objetivo es que los participantes se apropien activamente del conflicto, reconociendo y legitimando su propia individualidad y la del otro/a participante, para encontrar sus propias vías de gestión del conflicto que les lleven a tomar las decisiones que más sean de su interés.

Podrán ponerle fin con un acuerdo, o podrán ir a los tribunales u otro tercero que lo resuelva por ellos o podrán seguir peleando o negándolo.

En los últimos tiempos centré el eje de la formación en el tema de la escucha: Escuchar lo que pasa en la sala de mediación y lo que me pasa con lo que pasa en la sala de mediación.

Entiendo por tanto que debemos ir un paso más adelante y aclarar el concepto que utilicé de este ser humano al que referí como único y complejo, para ir al de ser humano hablante con la inclusión del concepto del inconsciente.

A partir de allí creo que los conceptos de “ser hablado”, incomunicación, imposibilidad de la empatía, cambiar el nombre de “problema” o “conflicto” por el de cuestión, el Derecho desde una perspectiva distinta al que da la abogacía, son conceptos que deben ser aprehendidos para luego volver a la mediación, re definirla y re formular la forma de actuación del mediador/a en estos encuentros.